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Del 11 al 18 de marzo se exponen en Abusu los trabajos de Anabel Pérez de Aguado bajo el epígrafe “Robando bebés”, en torno a los sucesos de esta naturaleza acaecidos entre 1936 y 2001 aproximadamente y que afectaron a cientos de miles de mujeres y sus familias en todo el Estado español, las capitales vascas y en el entorno más próximo de la autora, “su Aiara natal”.

Abarca el periodo que va desde comienzos de la guerra civil española, 1936, hasta el año 2001 en el que se recogió la última denuncia por desaparición de bebés en espacios hospitalarios, tanto públicos como privados. Todo ello está recogido en un Proyecto de Ley que da amparo a todos los casos ocurridos durante la dictadura y la democracia. 

Su autora destaca que ha sido importante utilizar en ella el arte y sus posibilidades de comunicación, que ha permitido acceder a un grupo de población interesada más amplio que el circunscrito a las víctimas de estos hechos y a las asociaciones que trabajan por sus derechos.

En cuanto a su contenido propiamente dicho, la exposición esta ordenada en dos partes. La primera e introductoria contiene nueve piezas que son parte de una colección privada formada por más de 30 obras que son el trabajo de diez años dando voz y lugar a una cultura, compartida, que no siempre aceptamos.

La segunda parte la integran tres piezas nuevas, que son las que dan identidad a la exposición y que llevan por nombre: Mujeres, Sin tiempo y Despedida.

A estas tres piezas se añadirá una cuarta, Registro, que de manera simbólica representará  un registro cronológico-familiar en el que las personas afectadas por estos hechos y las que se acerquen a visitarla podrán dejar por escrito todo lo que deseen compartir.

La exposición ha sido inaugurada el 1 de diciembre de 2018 en Zuaza-Aiara, donde ha permanecido hasta el 12 de enero de este año. A partir de ahí, su vocación es claramente itinerante al amparo de las áreas de Cultura e Igualdad de los municipios vascos. Se espera que llegue, igualmente, a las capitales vascas, Campus Universitarios y, en general, a aquellos otros espacios en los que el arte, la conciencia, el compromiso y la divulgación tengan cabida. Todo ello partiendo de que estos hechos, además de constituir un delito contra los derechos humanos, son un acto de extrema violencia contra las mujeres.